Cuando somos niños, nuestro cerebro aprende a detectar si algo o alguien es seguro o peligroso. Este proceso ocurre de forma automática y se llama neurocepción. Si los adultos que nos cuidan son confiables, atentos y afectuosos, nuestro sistema nervioso aprende a interpretar el mundo como un lugar donde podemos sentirnos seguros. Pero si crecemos en un entorno con abuso, negligencia o alta inestabilidad, el cerebro se adapta detectando peligro todo el tiempo, incluso cuando ya no está presente.

En las personas que han vivido Experiencias Adversas en la Infancia (ACE, por sus siglas en inglés), este sistema puede volverse hipersensible: el cuerpo y la mente permanecen en estado de alerta, como si el peligro fuera constante. Esto se llama neurocepción alterada, y puede dificultar la regulación emocional, la concentración o la confianza en los demás.

Los estudios de neuroimagen muestran que estas experiencias afectan regiones clave como:

  • La amígdala, que detecta el miedo y el peligro, se vuelve hiperactiva.

  • La corteza prefrontal, que nos ayuda a pensar con claridad, tomar decisiones y calmar nuestras emociones, se vuelve menos activa.

  • El eje del estrés (HPA), que regula hormonas como el cortisol, puede activarse en exceso o dañarse.

Estos cambios no solo afectan cómo nos sentimos o reaccionamos; también pueden dejar huellas físicas en el cerebro, reducir el tamaño de ciertas estructuras y alterar el funcionamiento de nuestras hormonas y neurotransmisores.

Con el tiempo, esto puede aumentar el riesgo de ansiedad, depresión, enfermedades del corazón e incluso dificultades en las relaciones.

Sin embargo, el cerebro también tiene la capacidad de reorganizarse y sanar cuando recibe el apoyo adecuado.

Entender las ACE no solo como un problema emocional, sino como algo que afecta el desarrollo del sistema nervioso, abre la puerta a estrategias de sanación que involucran tanto al cuerpo como a las emociones.

  • Bremner, J. D. (2006). Traumatic stress: Effects on the brain. Dialogues in Clinical Neuroscience, 8(4), 445–461.

    • Carbajal-Valenzuela, C. C. (2021). Efectos neurobiológicos del maltrato infantil y otras experiencias adversas de la infancia: Una revisión bibliográfica. Revista Salud y Administración, 8(23), 15–28.

    • Egerton, A., et al. (2016). Adversity in childhood linked to elevated striatal dopamine function in adulthood. Schizophrenia Research, 176(2–3), 171–176.

    • Hosseini-Kamkar, N., et al. (2023). Adverse life experiences and brain function: A meta-analysis of functional MRI findings. JAMA Network Open, 6(11), e2340018.

    • LeDoux, J. E. (2013). Emotion circuits in the brain. In Fear and Anxiety (pp. 259–288). Routledge.

    • McEwen, B. S. (2007). Physiology and neurobiology of stress and adaptation: Central role of the brain. Physiological Reviews, 87(3), 873–904.

    • Miller, E. K., & Cohen, J. D. (2001). An integrative theory of prefrontal cortex function. Annual Review of Neuroscience, 24, 167–202.

    • Porges, S. W. (2004). Neuroception: A subconscious system for detecting threats and safety. Zero to Three, 24(5), 19–24.

    • Porges, S. W. (2007). The polyvagal perspective. Biological Psychology, 74(2), 116–143.

    • Schmahl, C. G., et al. (2004). A PET study of memories of childhood abuse in borderline personality disorder. Biological Psychiatry, 55(7), 759–765.

    • Smith, K. E., & Pollak, S. D. (2020). Early life stress and development: Potential mechanisms for adverse outcomes. Journal of Neurodevelopmental Disorders, 12, 34.

    • Xie, H., et al. (2023). Hypothalamus volume mediates the association between ACEs and PTSD. Translational Psychiatry, 13(1), 274. text goes here

Actividad de evaluación:

Al leer esta lección, ¿qué parte de la explicación sobre la neurocepción o el estado de alerta constante te resultó más reconocible o significativa para entender tu forma de reaccionar hoy?